Rupit

14
Dic
2012

Rupit

Aunque la entrada anterior era mi despedida de Barcelona y dije que volví a Málaga, eso no significa que no vaya a seguir escribiendo algunas veces de mi estancia en Cataluña. En esta ocasión quiero hablaros del último viaje rural que hice, para despedirme también de esta comunidad.

Gracias a @sipuga que me lo recomendó, cogimos el coche y nos dirigimos a esta localidad de Girona. Un pequeño pueblo perdido en medio de la montaña y al lado de un río, que distaba mucho de estar abandonado. Yo, con todo mi desconocimiento de los pueblos catalanes, no lo sabía, pero cuando llegamos allí vi que era un destino bastante turístico. Turístico pero rural. Buena combinación.

Nada más llegar al pueblo y aparcar, teníamos que pasar el río a través de un puente colgante en el cual figuraba “No pasar más de 10 personas“. No daba mucha seguridad, pero desde luego, tenía su encanto.

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Media hora para hacer la foto sin gente… xD

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Como nos gustaba ir relajados… llegamos prácticamente a la hora de comer, así que lo primero que hicimos fue eso, buscar un sitio para comer mientras veíamos sus calles…

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El pueblo estaba lleno de detallitos como esta mesa y bancos hechos con troncos…

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Además, las hojas rojas del otoño le daban un color muy bonito a las casas de las que colgaban.

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El hecho de que hubiesen herramientas y otros objetos en alguno de sus balcones, le daba más el aspecto rural que uno busca cuando sale un fin de semana de una gran ciudad como es Barcelona.

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En la misma calle, nos llamo la atención el cartel de la farmacia, que ponía “Farmaciola“.

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En general el aspecto del pueblo me gustó mucho, y para los detalles nada mejor que el 50mm y la atmósfera que le imprime a las fotos siempre.

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Subiendo un poco, se podían ver casas en mitad de la montaña, literalmente.

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Y para terminar, un detallito de las cascadas que inician el río sobre el que pasamos al entrar.

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La verdad es que hacía tiempo que no iba a un pueblo, y recordando algunos viajes como el que hice a Besalú o Tossa, ya tenía ganas de volver a uno. Por cierto que no me decepcionó :)

La única pega era el día, que no acompañaba puesto que estaba completamente nublado, pero si se sabe sacar provecho de ello en la fotografía evitando el cielo, las sombras son bastante suaves. No hay mal que por bien no venga, ¿no?

Al final nos acabó lloviendo y tuvimos que volvernos justo antes del atardecer, pero incluso así conseguí aprovechar para hacer otras fotos, que os enseñaré en otra entrada ;)